¿Qué tan preparada está Latinoamérica para batallar contra el COVID-19?

Entre el 15 y el 20 de marzo de este año, Perú, Ecuador y Argentina actuaron rápidamente para implementar una serie de políticas de distanciamiento social que abarcaban desde toques de queda a cuarentenas. Implementaron dichas políticas varios días antes de Chile y Colombia y casi dos semanas antes de que lo hicieran México y Brasil, donde la creación de políticas parece estar en desorden. Hasta ahora la mayoría de los países en la región han implementado algún tipo de políticas diseñadas para retrasar la propagación del virus, siguiendo estrategias de países ricos e industrializados en Asia, Europa y Norteamérica en donde COVID-19 inicialmente atacó. Por desgracia, Latinoamérica no tiene ni la infraestructura gubernamental para erradicar al virus tal como se ha realizado en Asia Oriental, ni tampoco los recursos fiscales de EEUU o Europa para poder sobrevivir un paro económico extenso. En cambio, el destino de Latinoamérica es arreglársela como se pueda, corriendo peligro de sufrir tanto de una catástrofe humana como de una severa recesión económica.

Demografía

Si existe algún detalle positivo en este cuadro generalmente sombrío, es que la población relativamente joven de Latinoamérica quizás sea menos susceptible a los efectos secundarios peligrosos de COVID-19. Basado en los datos emergentes de Europa, ahora sabemos que la edad promedia de los fallecidos debido a coronavirus era mayor de 75 años y que la mayoría de ellos tenían al menos una de las siguientes enfermedades crónicas: diabetes, alta presión arterial o enfermedad cardíaca.

Aproximadamente, Latinoamérica tiene una población de personas de 65 años de edad que es la mitad de la tiene Europa. Su población de personas de 75 años o más es un tercio del tamaño de la población de personas de 75 o más de Europa. A pesar de esta aparente ventaja demográfica, según las normas globales los latinoamericanos no están saludables. Altos niveles de obesidad en Latinoamérica han conducido a niveles de diabetes y enfermedad cardíaca que son más altos que el promedio. Basado solo en demografía, Latinoamérica debe de salir mejor que Europa o EEUU en cuanto al saldo mortal producido por el coronavirus, a pesar de que la infraestructura sanitaria mal financiada de Latinoamérica tendrá dificultades para lidiar con el aumento en hospitalizaciones provocado por COVID-19.

Infraestructura sanitaria

Pronosticar la propagación y el impacto de COVID-19 sigue siendo una ciencia inexacta, particularmente en regiones como Latinoamérica en donde los primeros casos se presentaron solo hace unas semanas atrás. Pero alguna predictibilidad se está presentando en torno a las tasas de crecimiento y las acciones de distanciamiento sociales que están tomando las sociedades en general. En el caso de Latinoamérica, la crisis sanitaria se sentirá más fuertemente en sus unidades de cuidados intensivos (UCI) en donde los casos más serios de coronavirus (un 2%) son tratados por hasta unas tres semanas a la vez. Chile, Brasil y México sufrirán más debido a sus respectivas escaseces de UCI. En Colombia, en donde la mayoría de los casos están (y tal vez se mantengan) concentrados en Bogotá, también habrá escaseces terribles.

Al actuar más rápidamente que otros países, a Perú —y especialmente Argentina— les debe ir mejor en lidiar con el aumento repentino de casos críticos de COVID-19. Sin embargo, ningún país en Latinoamérica está equipado como lo están los países europeos o asiáticos orientales para aguantar el fuerte golpe a sus sistemas de cuidado de la salud.

Para los funcionarios de la salud en Latinoamérica, Irán quizás sea un país útil para estudiar. Sus niveles de ingresos por cápita son parecidos a los de los países latinoamericanos más acaudalados. Su sistema sanitario es similarmente equipado y su población es similarmente estructurado. Además, su demografía (aparte de raza y religión) es idéntica a la de Latinoamérica. Irán llegó a tener su ciento caso de COVID-19 unas tres semanas y media antes de Brasil, el primer país en Latinoamérica en llegar a esa cantidad.

El impacto económico

Los gobiernos latinoamericanos enfrentan las mismas dolorosas decisiones compensatorias que los demás países del mundo en donde se ha propagado COVID-19: o se sacrifican las vidas de las personas más vulnerables de sus poblaciones y se sacrifican sus economías. Muchos países de la OCDE pueden retrasar o hasta mitigar tal compensación al implementar masivos estímulos fiscales y aflojar las políticas monetarias (imprimir billetes). Pero Latinoamérica tiene mucho menos latitud en ese aspecto.

Aunque los gobiernos latinoamericanos tienen cargas de endeudamiento más pequeñas que las de EEUU, Europa, o China, sus costos de préstamos son mucho más altos y los mercados internacionales sienten mucha cautela con respecto a prestar dinero en este ambiente. Las empresas latinoamericanas que tratan de recaudar capital en mercados bursátiles locales tienen a sufrir mayores devaluaciones de precios de acciones a medida que los inversionistas huyen a los mercados monetarios estadounidenses. Esto no solo impacta negativamente a los precios de las acciones, sino que también afecta a los niveles nacionales de cambios de divisa. Los bancos centrales de Latinoamérica —los cuales son generalmente bien administrados— están limitados en su capacidad de reducir las tasas de interés debido al impacto negativo en sus monedas, lo cual aumenta los costos de vida.

Dado que entre un 30% y un 60% de latinoamericanos están empleados informalmente, no hay recurso legal ni económico para muchos si se les obliga a dejar de trabajar.

El único país en Latinoamérica con alguna flexibilidad fiscal es Chile, gracias a su fondo para emergencias que fue financiado por el cobre. Pero incluso si Chile se gastara todo el fondo, solo podría mantener financiada a una economía paralizada durante un par de meses.

Las políticas de paro económico sí salvan vidas, pero los gobiernos latinoamericanos simplemente no pueden “apagar” a sus economías durante más de cuatro semanas sin correr el peligro del desempleo masivo y las consecuencias devastadoras que trae consigo, entre ellas crimen elevado, desnutrición y disturbios civiles.

El Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y otros prestamistas multilaterales apoyarán a Latinoamérica, pero con la excepción del FMI, debe de tomar varias semanas para que esas instituciones puedan liberar fondos. Los países latinoamericanos necesitan ayuda fiscal ahora para ampliar su infraestructura de cuidados intensivos, además de brindar alivio fiscal para sus economías y apoyo para sistemas bancarios nacionales privados de capital.

Los países mejor posicionados para ayudarse fiscal y monetariamente son Chile, Colombia, Perú y México, seguido por Brasil. Venezuela, Ecuador y Argentina parecen particularmente vulnerables en estos momentos. Los prestamistas privados están poco dispuestos a colaborar con ningunos de estos tres países y a los prestamistas multilaterales les cuesta trabajo obtener datos fiables que pueden usar para estructurar un préstamo.

Resiliencia social

Además del impacto que COVID-19 tendrá en la inadecuadas infraestructuras sanitarias y economías frágiles de Latinoamérica, otra gran preocupación es cómo las sociedades divididas de la región resistirán la tormenta económica que viene. A pesar de ser las sedes de la distribución de riqueza más desigual del mundo, se han mantenido unidas a las sociedades latinoamericanas mediante una combinación única de fe, apoyo familiar y políticas populistas y nativistas. Pero los disturbios civiles en 2019 revelaron lo finos que son los hilos que unen a muchas sociedades de la región. Con poca o ninguna red de seguridad, el desempleo rápidamente podría conducir a la furia y a la desesperación a lo largo de toda la sociedad.

Algunas de las jurisdicciones más peligrosas del mundo se encuentran en Latinoamérica y el Caribe. Muchas están preocupadas de que los niveles de homicidio y violencia doméstica de la región —ya bastante altos— solo empeorarán ante extendidas dificultades económicas.

Recuperación económica

La rapidez con la que las economías latinoamericanas se podrán recuperar de la crisis mayormente dependerá de la rapidez con la que podrán reconectarse con la economía global. Dado que no cuenta con la capacidad de financiar su propio crecimiento, Latinoamérica dependerá —tal como siempre ha hecho— del capital extranjero y clientes para poder salir de la recesión. Las exportaciones, el turismo, la inversión directa extranjera y el capital importado son los instrumentos principales de recuperación.

Las exportaciones más favorecidas durante la crisis y después serán los productos agrícolas cuya demanda bajará menos: Latinoamérica produce el 16% de las exportaciones alimentarias del mundo.

Se espera que China será la primera economía grande en recuperarse de COVID-19 y ya ha anunciado planes ambiciosos de infraestructura para restaurar empleos para su pueblo. También es posible que se favorezca la infraestructura públicamente financiada mediante una segunda fase de estímulo fiscal de parte de Europa y EEUU (al menos para aumentar la capacidad de la atención sanitaria). Estos esfuerzos aumentarán la demanda para metales industriales, una fuente principal de ingresos obtenidos mediante la exportación para Brasil, Chile, Perú y México. Ya los precios del oro han empezado a subir y esto quizás provea un aumento necesario en medio de la crisis para Perú, Colombia, Guyana, Republica Dominicana y Brasil.

Para los ensambladores en México, Centroamérica y partes de Sudamérica que dependen de componentes importados y equipos clave, la disrupción comercial y de la cadena de suministro causada por COVID-19 cobrará su precio. Si a un auto le falta uno o dos piezas clave, no se puede enviar y la fábrica se paraliza. Este es un dilema que enfrentan ensambladores en todo el mundo. México es particularmente vulnerable a la disrupción de la cadena de suministro debido al hecho de que muchos de los productos de valor agregado que se fabrican allá sufrirán una caída en demanda durante la crisis: por ejemplo, las ventas de autos en China se desplomaron en un 80% en febrero 2020.

Sin embargo, las economías más vulnerables serán las que dependen del turismo internacional. Muchos países cerraron sus fronteras a los viajeros internacionales y no estarán dispuestos a abrirlos rápidamente sin una adecuada infraestructura de pruebas que asegure que el virus no se vuelva a introducir. Además, los mismos turistas estarán preocupados sobre el peligro de viajar al extranjero. Los analistas pronostican que tomará hasta tres años para que los volúmenes de viajes internacionales —particularmente viajes vacacionales— regresen a los niveles que tenían antes de la pandemia.

Favor de comunicarse con nosotros si le interesaría obtener las últimas cifras sobre la capacidad de los hospitales latinoamericanos, sus cantidades de equipos (como ventiladores) y más. Somos la única empresa del mundo que investiga y monitorea las cifras sobre equipos hospitalarios en Latinoamérica y nuestros datos fueron verificados más recientemente en diciembre 2019.

Nuestros datos pueden ser útiles para las autoridades de salud pública, los hospitales, las compañías de seguro y los fabricantes de equipos médicos y dispositivos que atienden al mercado latinoamericano.

Se puede obtener una idea inicial de la profundidad de datos que ofrecemos al revisar nuestros recursos gratis, como nuestro reporte HospiRank, nuestra sección de Análisis, nuestros casos de estudio y un whitepaper de 2019 sobre las cinco megatendencias en el cuidado de la salud en Latinoamérica.

Recent Posts

¿Quiere estar informado sobre las principales noticias de salud en Latinoamérica?

Suscríbase a GHI Newsletter

Contact Us

Please feel free to contact us at any time. Send us an email and we'll get back to you, asap.

No es legible? Modificar texto captcha txt

Start typing and press Enter to search